Esto representa un valioso avance para la oceanografía operacional y demuestra las capacidades del país para observar el océano en una escala nacional.
Catorce años atrás, una boya científica llamada “Lobo” marcó los inicios de una de las redes de monitoreo marítimo más grandes de Chile. Al alero del trabajo incansable del Centro de Investigación Oceanográfica COPAS (Sur Austral y ahora Coastal), hoy cuenta con seis boyas operando simultáneamente a lo largo de la costa chilena, número solamente comparable al despliegue instrumental del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA). Un logro notable para el centro, la ciencia y el estudio del océano.
Según cuenta la Dra. Camila Fernández, directora de COPAS Coastal, la adquisición y desarrollo instrumental a una escala sin precedentes significan una apuesta para el uso de fondos públicos con fines aplicados al manejo del océano costero. Las alianzas con otros centros de investigación han sido claves para llegar a este punto, siendo un ejemplo claro el nexo con el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), quienes les traspasaron la boya POSAR en una ceremonia que reunió a autoridades de ambas entidades, la Universidad de Concepción y la Armada de Chile.
La conformación de esta red de seis boyas representa un avance para la oceanografía operacional, con instrumentos que permiten transmitir información de las condiciones marítimas en tiempo real a quienes lo necesitan. En estos momentos, las boyas se encuentran en las costas de Dichato, Coronel, Arica y Antofagasta.
CDOM Portuario
Titulado “CDOM Portuario, sistema de monitoreo y pronóstico oceanográfico y meteorológico aplicado a operaciones portuarias”, este proyecto abarca por sí mismo tres de las seis boyas que conforman la red del Centro COPAS. De carácter innovador y vanguardista, recoge datos in situ de corrientes, oleaje y viento, entre otras variables oceanográficas. Información vital para que las capitanías de puerto determinen cuándo cerrar y para que los usuarios puedan tomar decisiones operativas en mejores condiciones.
Puerto Coronel
Como fruto de los avances logrados en el proyecto CDOM Portuario, hoy COPAS apoya al Puerto de Coronel mediante una asesoría de información oceanográfica recopilada a través del mismo método, instalando instrumental en sus aguas circundantes que transmite en tiempo real.
Estación 18
Llamada así por su ubicación 18 millas náuticas mar adentro, este punto ha registrado datos oceanográficos regularmente a lo largo de los daños, constituyendo una serie de tiempo de larga data. Además, alberga a la famosa boya POSAR, instrumento de alta tecnología que potencia este trabajo y marca un paso decisivo para comprender los procesos del océano costero, permitiendo desarrollar proyectos científicos y el crecimiento profesional de estudiantes de distintos grados. POSAR es única en su configuración ya que monitorea no sólo en superficie sino que también a 10 metros de profundidad, registrando variables atmosféricas y biogeoquímicas que incluyen nutrientes y oxígeno.
Bahía de Dichato
En esta ubicación nos encontramos con una boya que encarna una función sumamente importante: se trata del punto de estudio del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción, del cual muchos investigadores COPAS son parte y aprovechan este patrimonio con fines de docencia, aumentando así las capacidades de la próxima generación de científicos y científicas.
Los desafíos del progreso científico
Según cuenta Marcos Avendaño, profesional del centro COPAS, trabajar con boyas científicas y oceanográficas es una labor sumamente delicada que consta de múltiples etapas. Por un lado, está el traslado de material que pesa considerables toneladas, es delicado y debe tratarse con cuidado. Normalmente las boyas se ensamblan en puerto y, valiéndose de grúas de embarcaciones, se trasladan al punto marítimo donde son necesarias. “Llevar a cabo esta logística y coordinar ese trabajo es desafiante y complejo”, afirma.
Trabajar literalmente sobre ellas tampoco es sencillo. Según cuenta, cada vez que necesitan revisar una de estas boyas, deben considerar las condiciones de oleaje y clima, ya que un movimiento en falso podría terminar con uno o más miembros del equipo en el mar. Es un trabajo que supone riesgos, pero se lleva a cabo con persistencia, vocación y experticia.
“Al principio tuvimos varios temas técnicos de energía, entonces trabajamos con baterías grandes y pesadas. Reemplazarlas es complejo. Todos esos inconvenientes se han ido superando, con sistemas de batería más eficientes, más paneles solares…hemos aprendido y mejorado nuestro sistema”, comenta.
A esto se le suman problemas físicos como la corrosión por el agua, el vandalismo y accidentes inesperados que incluso pueden desembocar en el extravío de boyas. Los esfuerzos para contrarrestar estas dificultades nacen de un compromiso institucional y científico que cobra un significado muy importante en el área: “Se demuestra de forma fehaciente que es posible tener una red de monitoreo a nivel nacional”, afirma Camila Fernández, agregando que “siempre estamos pidiéndole al Estado que nos ayude a centralizar esto, a asegurar la gobernanza, el manejo de los datos y conectar las redes de distintos servicios, distintos centros, tanto en tierra como en el medio marino”. Medidas que serían muy importantes para el país y permitirían predecir mejor las condiciones que impondrá el cambio climático en el futuro.





