Entrevista a Mireia Mestre, miembro del equipo lider del Grupo de Trabajo de Investigación de la WAPSA, para conocer más sobre el estudio, los retos que plantea el trabajo y lo que significa para la investigación antártica.
¿Puedes darnos una visión general de tu investigación?
El Estrecho de Gerlache, una región altamente productiva de la Península Antártica Occidental donde se congregan el krill y las ballenas, ha sido identificado como un área prioritaria para la conservación. Sin embargo, pese al rol fundamental de los microorganismos en sostener los ecosistemas marinos, se sabe poco sobre las comunidades microbianas que habitan esta región. En este estudio conectamos directamente la microbiología y la oceanografía, dos disciplinas que han tenido escasa integración interdisciplinaria. Encontramos que la composición de las masas de agua, más que las condiciones ambientales locales por sí solas, es el principal factor que determina el ensamblaje de las comunidades microbianas. Nuestros resultados demuestran que las comunidades microbianas marinas están moldeadas no solo por las condiciones ambientales locales, sino también por el origen, la historia y el transporte a larga distancia de las masas de agua que habitan. A partir de estos hallazgos, proponemos el concepto de «huella microbiana de las masas de agua», según el cual determinados taxones microbianos funcionan como indicadores biológicos de masas de agua específicas. Este enfoque no solo permite identificar y rastrear masas de agua, sino que también revela cómo la circulación oceánica influye en el funcionamiento de los ecosistemas a través del aporte microbiano a las redes tróficas y los ciclos biogeoquímicos.
¿Qué es lo que más te entusiasma de esta investigación?
El hallazgo más emocionante fue descubrir que taxones microbianos específicos pueden actuar como «trazadores» biológicos de masas de agua. En la década de 1950 ya se usaban las abundancias bacterianas para ayudar a inferir la circulación y distribución de las masas de agua. Investigaciones más recientes han mostrado que las estructuras oceanográficas moldean la diversidad microbiana. Nuestro estudio da un paso más al mostrar que ciertos taxones microbianos son característicos de masas de agua específicas. En otras palabras, los microorganismos pueden funcionar como huellas biológicas de la identidad e historia de una masa de agua, a la vez que entregan información sobre los roles ecológicos que distintas masas de agua cumplen en los ecosistemas marinos.
¿Cuál fue la parte más desafiante de este trabajo?
La expedición se realizó justo antes de la pandemia, lo que hizo especialmente difícil la fase posterior al crucero. Más allá de las interrupciones por el COVID-19, ser investigadora en etapa temprana implicó cambiar de país y conseguir financiamiento. En el plano científico, el principal desafío fue integrar la microbiología y la oceanografía dentro de un sistema oceanográfico complejo.
¿Cómo esperas que este trabajo contribuya o impacte el próximo IPY (Año Polar Internacional)?
Al establecer la huella microbiana como un marco transferible, esperamos que este trabajo pueda apoyar los esfuerzos del IPY para rastrear cómo el cambio en la circulación oceánica polar reconfigura los ecosistemas marinos y sus servicios. Aunque fue desarrollado en la Antártica, este enfoque podría aplicarse a otros océanos, incluido el Ártico.
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